¿Ser barato o ser diferente?

¡Conviértete en el profesional que siempre has querido ser!

¿Ser barato o ser diferente?

A lo largo de la historia de la humanidad han surgido muchas preguntas que han significado un antes y un después en el desarrollo de nuestra especie en nuestro planeta: ¿de dónde venimos? ¿adónde vamos? ¿por qué las ciruelas negras son rojas cuando están verdes? ¿es normal que la hora del DVD lleve 3 años parpadeando?

Cuando hablamos del mundo profesional, las preguntas son otras, pero igualmente relevantes. En mis sesiones de consultoría con empresas siempre me gusta hacer unas cuantas preguntas al gerente o dueño de la empresa (además de si tiene presupuesto para pagarme, claro). Una pregunta de la que suelo obtener mucha información es la que encabeza este artículo: ¿eres barato o eres diferente? Al escuchar esta pregunta, mi interlocutor suele explayarse con una infinidad de argumentos sobre su proceso de gestión, su atención al cliente, sus planes de comunicación y marketing… que normalmente se desmontan rápidamente echando un vistazo a las webs de la competencia y comprobando que esas mismas acciones son realizadas por otras empresas también.

¿Ser barato es una opción real para lograr la supervivencia de una empresa? Intentar ser el más barato de tu sector es muy similar a la sensación de apuntarse al gimnasio por primera vez. Al principio todo el mundo te felicita y te dice que es una gran idea y tú mismo te marcas objetivos de repeticiones y peso que levantar cada día. Pero cuando vas la primera semana al gimnasio y descubres cuerpos esculpidos con cincel a los que tú no podrás nunca llegar a la cintura, la cosa cambia. Cuando compruebas que con la fantástica tabla de ejercicios que encontraste en Internet y llevas varios fines de semana perfeccionando en casa nunca podrás llegar a tener la tableta de chocolate del niñato ese que te mira como un hijo a un padre a la hora de coger las mancuernas, la cosa cambia… y mucho.

Cuando mejoras el rendimiento de una máquina de tu cadena de montaje para producir un artículo más al día o logras dar con un proveedor que te ofrece un servicio 100 euros más barato, compruebas incrédulo cómo ha salido de la nada un niñato por Internet que hace lo mismo que tú a mitad de precio gracias al “big data”, “el Internet de las Cosas” o nueva plataforma de consumo colaborativo salida de ESADE o el IE Business School.

Ser barato deja de ser una opción cuando descubres que siempre hay alguien que puede ofrecer lo mismo que tú a un menor precio. Y mejor es darse cuenta hoy que mañana. Si aún no lo has hecho, tengo que decirte que ya vas tarde.

¿Ser diferente es fácil? No, claro que no. Ser diferente implica pensar diferente y eso no es algo a lo que nos enseñen en la escuela. Pensar diferente es ser transgresor: si alguna vez has llamado a un teléfono fijo desde un móvil, tienes muchas opciones de serlo.

¿Qué puedo ofrecer yo a mi cliente que no ofrezca la competencia? ¿Qué tipo de servicio complementario podría desarrollar que haga que mi cliente valore más mi oferta que la de la competencia? ¿Puedo mejorar mi argumento de venta ofreciendo una nueva utilidad de mis servicios a mis clientes?

Ya sabes: por mucho que entrenes en el gimnasio, no vas a ser Mike Tyson. Pero te queda un consuelo: Peter Parker no consiguió a “Gwen” Stacy con sus músculos, sino con sus superpoderes arácnidos… ¿ya has descubierto los tuyos?

¡Vivir es compartir!

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